La Navidad, más que ninguna otra época del año, siempre ha estado asociada al amor y la hermandad. Sea propicia la ocasión para tratar el tema del Amor Universal.
Cuando decimos amor, normalmente evocamos el característico sentimiento humano
del amor; pero el amor al que queremos referirnos ahora es un concepto mucho más
amplio, es el Amor Universal en todas sus facetas, una de las cuales, por cierto, es el
amor humano, aunque no es la única.
El Amor Universal puede ser considerado como el cemento compactador de toda la
estructura del universo Cósmico en todas sus partes. Es una energía ligadora que logra
la armonía en el funcionamiento del universo en todos sus niveles, desde el elemental
átomo hasta el más vasto sistema galáctico; desde el primitivo virus hasta la
humanidad toda como conjunto. Esta energía compactadora es, en esencia, la misma en
todos los niveles donde se presenta, aunque asume diferentes aspectos en su
manifestación.
Cuando el Amor Universal se manifiesta, lo hace obedeciendo leyes cósmicas bien
definidas. Por ejemplo, las leyes cósmicas que regulan la vibración armoniosa del
electrón alrededor del núcleo en un átomo, son leyes de Amor Universal, con un nivel
de manifestación muy elemental, por supuesto, pero al fin y al cabo leyes de amor.
El hecho de que recién las hayamos descubierto en este siglo, y las hayamos clasificado
y rotulado como “leyes cuánticas”, no contradice en absoluto que siempre fueron y
serán leyes de amor. Así también, las leyes que ligan átomos para formar moléculas,
son leyes de Amor Universal, aunque las hayamos designado con otros nombres, como
“leyes electroquímicas”. Igualmente son leyes de amor las que ligan a las moléculas
para formar estructuras minerales, o compuestos orgánicos, o células; y también son
leyes de amor las que ligan células para formar tejidos y las que organizan tejidos para
formar vegetales, animales o cuerpos humanos.
También son leyes de amor las que unen a los hombres para formar estructuras
familiares y las que estructuran comunidades y naciones en base a la familia como
unidad celular.
En todos los ejemplos anteriores se nota una tendencia del Amor Universal, un
propósito: la integración de todo con el fin de compactar una gran estructura
suprahumana unida por el Amor Universal, vibrando armoniosamente según la Ley del
Amor Universal.
Al Amor Universal le es
imposible
manifestarse en la soledad de un individuo, porque él
siempre se presenta como la interacción armoniosa entre los miembros de una
comunidad de individuos en la que se necesitan por lo menos dos de ellos para que se
manifieste. Por ejemplo, a nivel del átomo, el Amor Universal se manifiesta como la
interacción eléctrica atractiva entre el electrón y el núcleo; así pues, el electrón es
atraído por el núcleo
porque
el núcleo es atraído por el electrón y viceversa. Es
físicamente imposible que uno sea atraído por el otro unilateralmente, sin que el otro
sea, a su vez, atraído por él.
Igualmente ocurre con la manifestación del Amor Universal en el sistema Tierra Luna (manifestación que denominamos “gravedad”); sería imposible que únicamente la
Luna sea atraída hacia la Tierra mientras la Tierra no es atraída hacia la Luna, como
bien lo manifiestan las mareas. Haga el experimento con un imán, un trozo de madera
y uno de hierro; si el imán no atrae a la madera, ésta tampoco atrae al imán; si el imán
atrae al hierro, entonces el hierro atrae al imán. Por cierto, en todos los casos, cuando
la atracción se presenta, es de la misma intensidad para ambas partes.
La misma ley debe cumplirse cuando el amor se manifiesta a nivel humano: cuando hay
verdadero amor
entre dos individuos, es imposible que el mismo desaparezca para uno
de ellos mientras continúa vivo para el otro. O desaparece simultáneamente en ambos
(lo cual no parece posible si es
verdadero amor
) o permanece vivo en ambos. No debe
confundirse amor con deseo de posesión, sentimiento éste último que sí puede surgir
unilateralmente.
Es interesante notar que cuando el Amor Universal se manifiesta, en cualquiera de los
niveles donde se presenta, los individuos participantes del mismo pasan a integrar una
nueva unidad de un nivel superior que trasciende a los individuos que la componen y
sin embargo los integrantes de esa unidad superior no se “disuelven”, no pierden sus
respectivas individualidades. Por ejemplo cuando el Amor Universal se manifiesta
entre los electrones y el núcleo, surge el átomo como unidad superior, aunque los
electrones, protones y neutrones, siguen siendo tales en ese átomo.
A su vez, otras leyes de Amor Universal ligan átomos para formar moléculas; sin
embargo, los átomos integrantes de la molécula formada no pierden sus características
de átomos.
Una célula está formada por estructuras moleculares. La célula es una unidad viva,
individual, que trasciende las moléculas constituyentes; pero las moléculas
constituyentes, mantienen a su vez cada una su individualidad dentro de la célula.
El concepto de familia unida es imposible sin la integración de amor entre padres e
hijos. Cuando tal interacción existe, la familia pasa a constituir una unidad compacta,
pero sus integrantes siguen siendo ellos y no pierden consciencia de sus respectivas
individualidades.
Ahora bien, cada elemento del universo, desde la partícula subatómica, hasta el sistema
galáctico más vasto, pasando por células, hombres, etc., tiene algún nivel de
consciencia, pues todos participan en mayor o menor grado de la Mente Universal; y los
individuos integrantes de una unidad de nivel superior a ellos, son conscientes (dentro
de sus respectivos niveles de consciencia) de la unidad de la cual forman parte activa.
El amor está entre ellos armonizándolos, compactando la unidad que forman, y ellos
perciben ese amor a través de esa consciencia de unidad; y puesto que la interacción de
amor los armoniza dentro de esa unidad, esa consciencia de amor es placentera,
realizadora: ellos se sienten
realizados
en la unidad de la cual forman parte activa. Por
supuesto, aquí las palabras “consciencia”, “amor”, “placer” y “realización” están
expresadas en un sentido muy amplio y deben adecuarse a cada nivel (átomo, célula,
hombre, galaxia) donde sean referidas. Uno de esos niveles es el hombre mismo; pero
no debemos suponer que lo “placentero” para un átomo se asimile ni remotamente a lo
placentero para un hombre: cada nivel tendrá su propio grado de complejidad.
Si por algún motivo en una unidad cualquiera desaparece la energía armonizadora de
sus integrantes (el amor), entonces esa unidad deja de ser tal: se disuelve, se
desintegra en las individualidades que la conforman y estas individualidades quedan
solitarias, vacías de propósito, de realización. Por ejemplo, si la energía electroquímica
que ligaba a dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno para formar una molécula de
agua, dejará de actuar por alguna perturbación externa, o desapareciese, entonces ya
no se tendría más una molécula de agua. Ésta se desintegraría y sólo se obtendría por
resultado un átomo de hidrógeno por allí, otro por allá y uno de oxígeno más allá,
tristes y solitarios. Lo que puede ocurrir con la molécula de agua también podría
ocurrir en cualquier otro nivel, por ejemplo en la familia.
En nuestra evolución, a través de nuestras encarnaciones, nos estamos preparando
para formar parte integrante de la Gran Unidad Cósmica, la Gran Fraternidad
Universal. Todos vamos hacia allá y todos seremos imprescindibles allí. Cuando lo
logremos, sin perder nuestra individualidad, seremos conscientes (dentro de un nivel
superior de consciencia), de formar parte activa de esa gran familia cósmica a través de
la expresión del Amor Universal entre nosotros y gozaremos plenamente de esa
consciencia, nos sentiremos plenamente realizados, en armonía cósmica, felices.
Para poder ingresar a la gran familia cósmica, necesitamos deslastrarnos
completamente de los enemigos del amor: la suspicacia, el egoísmo y la envidia. Estos
tres sentimientos son como barreras, blindajes, diques, que bloquean el flujo de amor
entre los individuos. Abrigar estos sentimientos en nuestro ser equivale a bloquear la
interacción de amor, como ocurre con la madera frente al imán; y en consecuencia nos
quedamos solitarios, fuera de la Gran Unidad Cósmica y, lógicamente, ninguna
consciencia del Amor Universal se registrará en nosotros.
Fratres y Sorores: la Navidad puede considerarse como un símbolo del Amor Universal.
En ninguna otra época del año se siente, como en Navidad, vibrar en el aire ese
sentimiento. Es en Navidad cuando más hombres y mujeres en el mundo están
dispuestos a bajar los diques de la suspicacia, la envidia y el egoísmo. Eso se nota, se
palpa en el ambiente; es una curiosa característica, típica de la Navidad.
Pero los diques bloqueadores del amor, distanciadores de los demás, hay que bajarlos
sin reservas y para hacerlo así se requiere
buena voluntad
. Con buena voluntad
reducimos las causas bloqueadoras del amor y éste, automáticamente, se intensifica
entre nosotros y los demás; en consecuencia, nos sentimos más armonizados y por lo
tanto sentimos más
paz interior
. De allí que sea lógico el eslogan de la Navidad:
Paz
a
los hombres de buena voluntad
.
Todos los elementos de la Navidad simbolizan el amor. Por ejemplo, amor es compartir
y para compartir hay que intercambiar. Es curioso que así como en Navidad nos
intercambiamos regalos o tarjetas como vehículos de manifestación del amor, también
en todos los niveles del universo donde se manifiesta el Amor Universal, hay
intercambio de “algo” como vehículo de interacción: las leyes físicas nos dicen que la
interacción entre un electrón y el núcleo de un átomo, se manifiesta a través de un
intercambio mutuo de fotones (partículas de luz) y según las leyes químicas, la
interacción entre los distintos átomos que conforman una molécula se manifiesta a
través del intercambio mutuo de electrones; y en forma similar ocurre en todos los
demás niveles.
Y es que el amor no puede ser “platónico”, necesita un vehículo de manifestación. Por
eso el amor entre esposos, o entre hermanos, o entre padres e hijos, o entre amigos,
etc., se alimenta, se manifiesta, a través de esos pequeños detalles: una oportuna frase,
un regalo, un “te quiero”.
Por último, el amor es sencillez, simplicidad, porque el Amor Universal es simple y
sencillo, tiene la sencillez diáfana y clara de la sonrisa de los niños. No es casual que la
Navidad nos evoque la sonrisa franca, sencilla y cristalina de un niño ilusionado por el
regalo del Niño Jesús o Santa Claus. Porque cuando el amor se manifiesta, es así,
sencillo, franco y cristalino. Por eso los amantes se hablan con voz arrulladora y
francamente infantil cuando se comunican su amor. Por eso la madre le habla a su hijo
con acento infantil cuando quiere comunicarle su amor, porque el Amor Universal es
tan sencillo como un niño.
Esto significa que nunca podremos participar del Amor Universal (más bien,
contribuir
al Amor Universal), si no tomamos una actitud diáfana, cristalina, simple y sencilla,
como la de los niños. Hace ya dos mil años nos lo enseñó el Maestro Jesús:
“
Hay que ser
como niños para entrar al Reino de los Cielos”
Este artículo fue escrito por un miembro destacado de nuestro capítulo en Octubre de 1994,para la Revista "El Rosacruz", hemos decidido publicarlo para recordarlo y rendirle homenaje por todo el servicio que prestó amorosamente a nuestro Capítulo mientras estuvo en vida.